Hacia un estilo de liderazgo adulto
- Suzette Tori

- 15 mar 2021
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 16 mar 2021
Hasta hace algunos años, era común en las empresas que un ejecutivo dijera que un gerente era su papá o que una gerente era su mamá. Con esto, el ejecutivo daba a entender que tenía una gran cercanía con esa persona y que, prácticamente, él o ella había sido su mentor. Cuanto mejor ubicado estaba tu “papá” o tu “mamá” en el organigrama de la organización, mejor sombra o protección recibías tú como “hijo” y, por lo tanto, mejor aspectado estabas para subir en el escalafón.

A la luz de la consultoría sistémica, esto de decir mi “papá” o mi “mamá” tiene connotaciones no saludables, ya que se traslada al ambiente laboral una serie de dinámicas familiares que no deberían mezclarse con lo profesional. Pero, en esta ocasión quiero llamar la atención sobre otro asunto no menos importante: el liderazgo adulto. Cuando un ejecutivo se ubica en un rol de “hijo” con respecto a un gerente, pareciera que estuviéramos hablando de un adolescente, una persona en periodo de formación que, como su nombre lo indica, adolece de varias cosas: confianza en sí mismo, seguridad, autocontrol, gestión de sus emociones, entre otras capacidades.
En este contexto, nos encontramos ante un ejecutivo que solo hace las tareas si su jefe lo mira o que se comporta de manera “adecuada” si su jefe está presente o que se vuelve responsable solo si su jefe se lo exige, tal como ocurre en la dinámica de un padre con un hijo adolescente.
Hoy en día, ese tipo de ejecutivo adolescente ya no tiene cabida en las organizaciones, lo que ahora se necesita es un líder adulto que se hace 100% responsable de todo lo que le ocurre, y que comprende que, todas las situaciones, las que podemos calificar como “positivas”, así como las “negativas”, se dan porque él las ha generado. Y, ante los errores, el líder adulto se hace cargo, analiza la situación, reconoce su responsabilidad y, sobre todo, APRENDE. Porque a los errores hay que sacarles el jugo, si ya nos costaron tiempo, dinero y resultados, que ahora rindan sus frutos en términos de aprendizaje o, de lo contrario, corremos el riesgo de tropezar de nuevo con el mismo error a futuro.
Es por eso que los invito a hacerse esta pregunta con total honestidad: ¿qué tipo de líder estoy siendo yo actualmente en mi organización? ¿Un líder adulto o un ejecutivo adolescente? En el coaching, darte cuenta es el punto de partida necesario para luego hacerte cargo de eso que necesitas aprender.




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